La Ley de Medios, rehén de la polarización cultural

27 December, 2014 / By Por Victoria Pellegrinelli

Pluralismo, medios oficiales y oficialistas. Una Ley de Medios con una autoridad de aplicación que actúa a conveniencia, voces que no pueden acceder a determinados medios de los dos lados. Así está el escenario en la Argentina de hoy. Un debate necesario para la república.

—¿Cómo ven la situación actual de los medios, con la Ley de Medios Audiovisuales que se sigue discutiendo y el Gobierno enfrentando constantemente al periodismo?

RUIZ: Esto ya es un tema que nos atraviesa a todos. La centralidad de los medios, o el periodismo, en la discusión política y en la praxis política ha cambiado de magnitud en esta década. Los actores políticos siempre creyeron que era muy importante el rol de los medios, pero ahora ha habido una decisión fuerte del Gobierno de enfrentarlos. La respuesta del Gobierno fue actuar con una energía, que en algunos casos podía ser tildada de autoritaria, con el argumento de que es un poder fáctico que condiciona a un poder electoral legítimamente votado. Es algo que supera al kirchnerismo, porque abarca a una intelectualidad en toda América Latina. Y la democracia les da posibilidad a los medios de actuar tanto como a los poderes elegidos por la voluntad popular. Hay una disputa de legitimidad y de representación que los políticos en general no se bancan mucho, pero que creo que es una de las claves del ADN democrático. En este escenario, una enorme mayoría de los medios tomó opción por una posición que ha generado una polarización muy fuerte y en esa polarización se da lo que llamo libertades sectarias para la investigación de la corrupción. Un medio investiga a un sector y otro medio investiga a otro sector. Clarín y La Nación no apuntan a quienes pueden ser las esperanzas para sacar al kirchnerismo, y Pagina/12, Tiempo Argentino y la Televisión Pública hacen lo mismo con los kirchneristas. Es un empobrecimiento en calidad democrática de los medios de comunicación.

CROXATTO: Yo creo que la Ley de Medios fue un avance para la democracia, fue una toma de posición del rol de la prensa en la sociedad, una discusión necesaria que no se daba desde la dictadura. Se vio una discusión a nivel jurídico que nunca se había visto en todas las instancias, en cómo juegan los jueces, cómo piensan el derecho, incluso la disidencia de Fayt en la sentencia de la Corte Suprema. La sentencia quedó en el maniqueísmo político y se debate poco lo jurídico; y quedan los factores políticos y económicos, y la distinción entre las dos facetas de la libertad de expresión como derecho individual. En términos clásicos del liberalismo, el Estado tiene que inmiscuirse lo mínimo posible para que las personas se expresen con libertad. Pero en los últimos tiempos, en la filosofía del derecho aparece el Estado, que en algunos ámbitos es un igualador de voces, democratiza la palabra, es una dimensión colectiva o social de la libertad de expresión. Y esto es determinante para la democracia, sobre todo en un país que no tiene resuelta la crisis de los partidos. Pero en ese debate quedó un maniqueísmo que empobrece la discusión, y ésa es la paradoja. Una ley que en teoría trae un paradigma que busca en principio enriquecer el debate democrático termina siendo víctima de una polarización cultural. Nadie impide que se debata. Y, en ese sentido, la disputa del Gobierno con Clarín ya es desgastante y estéril y no le aporta a nadie, ni al medio ni al Gobierno, y no deja que los medios puedan vehiculizar debates. Trabajé en la Secretaría de Derechos Humanos y adhiero a muchas de las políticas del Gobierno, pero creo que se puede debatir. No soy de La Cámpora, me encontré en un aeropuerto con Ricardo Kirschbaum (N de R: editor general en Clarín), y tuvimos una charla correcta y amistosa, un diálogo posible, en el que terminamos hablando de Rodolfo Walsh. Con Roberto Gargarella, por ejemplo, en el único lugar en que pude discutir por escrito fue en Tiempo Argentino. Ese debate no lo hubiésemos podido hacer en otros medios, como La Nación. Desde mi lugar, no es tan claro dónde está la censura. La Ley de Medios propone no censurar, que más voces se escuchen y debatan entre sí.

CHERNY: Con la polarización, el discurso periodístico perdió legitimidad, esa idea de objetividad que probablemente era tan falsa como la visión actual de que todo lo que escribe un periodista esconde detrás un interés. Hay mucha diferencia entre lo que prometía la ley y lo que ocurrió. Hay otro concepto, de los últimos cinco años, que es el pluralismo. Las consecuencias fueron convertir a las agencias estatales de comunicación en medios oficialistas, con periodistas militantes y que funcionan como un multimedios del discurso oficial. Si ésas fueron las consecuencias, es para tomar nota y preocuparse. A partir de la Ley de Medios, con una derrota electoral y el tema del campo unos meses antes, puede verse un viraje, una radicalización del Gobierno.

TIBERTI: La Ley de Medios fue desaprovechada para desbaratar una larga tradición de relación clientelar ente gobiernos y medios, tanto públicos como privados, con la financiación de los medios por parte del Estado. Aun con fallos de la Corte Suprema, la publicidad oficial se siguió usando como un torniquete político. Sirvió para poner de relieve la relación de los medios, pero fue una oportunidad desaprovechada para desbaratar nuestra pertinaz obstinación en mezclar Estado y Gobierno, con un empobrecimiento en las agencias públicas de noticias. Este fenómeno no se limitó a Argentina y a escala regional subyace una discusión sobre la democracia y los poderes. Iniciativas de limitación de medios se basan en la idea de que la voluntad popular está encarnada en el Poder Ejecutivo y que los contrapesos de otros poderes, especialmente el Judicial, son ilegítimos porque no son democráticos.

R: Este es un conflicto global, en Londres, Washington, Madrid, Quito o Buenos Aires. La política siente que perdió el control de la política y que los medios se metieron demasiado en la cancha. Los medios se quejan de que les reducen el espacio de acción.

C: Creo que el pluralismo no se puede imponer por ley, creo que es aún un proceso largo y un aprendizaje. Los medios pueden abrir los espacios de pluralismo, con iniciativas como hacer debates como éste en los medios.

Ch: El mismo gobierno que impulsó la Ley de Medios impulsó la polarización de los medios estatales con periodistas militantes.

C: Pero eso es como decir que un medio no puede ser pluralista porque apoyó al Proceso. Es como decir que a Clarín no le voy a reconocer ningún texto sobre la democracia o que La Nación, que publica textos de quienes apoyaron el genocidio, no puede hablar de pluralismo. Cada persona escribe sobre lo que piensa. La ley debe ser analizada en función de sí misma. No se puede mezclar la ley con su aplicación.

—¿Cuánto afecta esa falta de debate?

C: Hay una pobreza argumental de todos lados. Hay que parar de generalizar y pensar individualmente. No ver en el otro a un enemigo, escuchar al que no piensa como él.

T: La exclusión deliberada de voces alternativas en medios públicos es superior a lo que puede hacer un agente privado con su dinero. Los poderes ejecutivos promovieron una exclusión de voces alternativas, tanto en la esfera de sus propios partidos como en las agencias públicas en general. Hace años, había ministros opositores, hoy eso es imposible.

R: La sociedad es víctima y cómplice. Como dice el pensador alemán Wolfgang Donsbach, es la disonancia cognitiva: cuánto uno se banca por leer la posición que está enfrentada. Muchos se bancan la diferencia y otros sólo buscan la coincidencia. Si consumís Lanata y 6,7,8 tenés un lío en la cabeza fenomenal.

C: Se confunde lealtad con obsecuencia. En el Gobierno, y creo que en la oposición también, incomoda mucho la no obsecuencia. Hoy paga más ser obsecuente que leal. Creo que lo de Clarín está empezando a generar un efecto negativo, sobre todo en mi generación, porque detrás hay una excusa para no exponerse, así se muestra la falta de capacidad de responder. Es más difícil sentarse y debatir. El caso de Lorenzino me parece el más simbólico y escandaloso. Ningún ministro puede temerle a un periodista, tiene que estar preparado para debatir con el periodista. Pero le temen al impacto que pueden tener sus palabras y a lo que “deben” decir.

T: Y ningún periodista debe temerle a un ministro.

El riesgo de tirar basura para todos lados

La corrupción no es una novedad en el país, pero hoy está en el centro de la agenda pública.

R: En estos momentos, los medios están con libertades sectarias e investigan a unos y no a otros. Eso genera una confusión enorme en la población, que termina viendo lo peor que puede pasar y que ya Perón lo decía de Yrigoyen: primero decían que era una banda de ladrones, y perdieron toda la legitimidad. Luego los que hicieron la investigación sobre ese tramo, descubrieron que no era tal esa banda de ladrones que se había construido. Cuando el sistema de medios pone en la misma bolsa las investigaciones impresionantes de periodistas como Hugo Alconada Mon y  Daniel Santoro y otras denuncias que rebotan sin verificación, y después la justicia no termina de verificar esas acusaciones, la basura  termina flotando y parece que todo es un océano de basura. Creo que es una crisis del periodismo profesional, porque el periodismo profesional va más allá de lo ideológico y ponerse de acuerdo en una base informativa común. No pasa por discutir si se está o no está de acuerdo  con el sistema de lavado de un funcionario krchnerista. En este escenario confuso, de tanta denuncia, de usar la corrupción como arma de guerra, se genera un tirabasura para todos lados y, fundamentalmente, esconde a los corruptos porque se hace una generalización salvaje. Y el Poder Judicial está en falta. No puede activarse en los ciclos finales de los gobiernos y luego se desactiva en los iniciales.

T: Los poderes judiciales siempre han castigado a los gobiernos en sus periodos finales, es un comportamiento estratégico de todos los poderes judiciales del mundo.

C: Creo que en la Argentina se habla mucho de corrupción pública y muy poco de la corrupción privada. Y yo creo que van de la mano en la historia argentina, como el caso de Siemens en el gobierno de De la Rúa que fue muy elocuente. Cuando se centra sólo en la corrupción pública, se termina pensando que es todo el mismo desastre y que la política es corrupta.

Las tres tenazas que atrapan al periodismo

—En la Argentina hay amenazas hacia los periodistas. No es lo mismo trabajar en un medio de Buenos Aires que en uno del interior como en Jujuy, donde Milagro Sala los enfrenta, o en OPI Santa Cruz o cubriendo temas como el narcotráfico en Rosario.

R: En Fopea encontramos tres actores principales de limitación y agresión al periodismo: el crimen organizado, la clase política (sobre todo cuando bajás a ciudades, hay agresiones físicas de políticos que se multiplican, desde los concejales) y los dueños de los medios. Esas son las tres tenazas fuertes. Si el sistema de medios es muy dependiente de la pauta oficial tanto nacional como de provincias o municipios, lo que hay es una reproducción del modelo de gestión de la relación con los medios. Hay un componente más doctrinario en algunos casos y en otro como factor de poder. Hay un componente kirchnerista de época pero ha trascendido. De los tres candidatos que lideran las encuestas, Massa, Scioli y Macri, hay que trabajar mucho en su relación con los medios. En sus distritos, hay que ver cómo han usado la pauta para manipular línea editorial, aunque no quiero generalizar. No es sólo el Frente para la Victoria el que tiene problemas con los medios, hay una práctica en todo el país

Ch: En ciudades grandes o provincias, se puede buscar qué ocurre en contextos pluralistas y contextos más autoritarios. Ver quién gobierna, desde hace cuánto, cómo se compone la Legislatura, cuántos medios hay. Comparando esos contextos, probablemente se ve la relación con los medios. En el libro tratamos de ver de 2002 a 2012, se ve un Kirchner muy diferente al de 2009, cuando pierde. El de 2004 era peronista pero débil, aunque ya tiene el handicap que le daban los gobernadores. Ese Kirchner que necesitaba consensos y generó innovaciones como la Corte, que necesitaba aliados, es muy diferente al de 2007, que era más hegemónico, con mayoría propia, que pudieron debilitar facciones internas en el peronismo.
En provincias como Jujuy, cuando se sancionó la ley, Guillermo Jenefes era senador por el Frente para la Victoria y dueño de un multimedios. Pero antes de eso, la sociedad no prestaba atención a los dueños de los medios como ahora, y eso fue un quiebre para la sociedad también.

T: Las lealtades de los medios no son claras como no lo son las de los políticos. Acá siempre fue una lealtad clientelar, en la que se cambia propaganda por apoyo.

R: Pero sin generalizar. Si tomamos Página/12 y La Nación, la relación clientelar es relativa históricamente. Página/12 fue financiada por Gorriarán Merlo, por Grosso, por Angeloz, por Magnetto, y construyó su independencia a los tumbos. La Nación tiene una cuestión doctrinaria.

Source: http://www.perfil.com/elobservador/La-Ley-de-Medios-rehen-de-la-polarizacion-cultural-20141227-0036.html

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