Larraín y sus críticas al pluralismo informativo en TVN

19 Noviembre 2015 / By Nicolás Del Valle O. El Mostrador

Si la preocupación respecto del pluralismo informativo fuese cierta, deberíamos ver a una UDI que luche por desconcentrar el control y la propiedad de los medios en Chile, deberíamos ver un senador Larraín que luche por paneles políticos donde se incorporen a panelistas que no provengan de dos bloques políticos que ya poco representan a la sociedad chilena.

Según lo publicado en El Mostrador, el senador Hernán Larraín envió una carta al presidente del directorio de Televisión Nacional de Chile, TVN, Ricardo Solari, expresando sus molestias por cierto sesgo ideológico contra su colectividad en los programas políticos como ‘Estado Nacional’, la edición central del noticiario ’24 horas Central’, y la sección de educación cívica del matinal ‘Buenos Días a Todos’. Básicamente los argumentos son relativos al tratamiento periodístico de TVN sobre su partido político. Este malestar fue expuesto por el senador Hernán Larraín, primero, en el programa de discusión política ‘Estado Nacional’ y, luego, a través de la mencionada carta. Según el parlamentario, TVN estaría “faltando al valor del pluralismo, la democracia, la paz y la información objetiva.”

En la misiva enviada al presidente del directorio, se hace eco de la tesis que soterradamente se ha comenzado a elaborar desde la tienda de ultraderecha, que sostiene que la credibilidad del partido se ha visto afectada en la opinión pública debido al tratamiento mediático de los sucesos de corrupción en el que se han visto envueltos parte de los personeros de la UDI. Esto, sostiene Larraín, puede ser corroborado en las clases de educación cívica dictadas por el abogado Patricio Hidalgo en el matinal de TVN. En palabras del parlamentario, “bajo la excusa de la educación cívica, el programa se hizo parte de burlas e insinuaciones ofensivas hacia la actual Constitución Política de Chile y a nuestro fundador, el asesinado senador Jaime Guzmán”.

Una cuestión interesante es que el senador no repara en el tono humorístico de la sección del matinal. La sección del ‘Buenos Días a Todos’ es el resultado de la autonomía editorial del canal que busca socializar una discusión pública. A modo de la escuelita de ‘El Chavo del 8’, con invitados y conductores, se daba rienda suelta a bromas que expresaban barbaridades y argumentos racionales, a favor y en contra de la reforma constitucional en Chile. A vuelo de pájaro, se podría decir que los dichos representaban bastante el sentido común de los chilenos. Se bromeaba, argumentaba e informaba en un lenguaje coloquial y simple, como suele hacerse en este tipo de programas, haciendo que el humor no presentara el tema como una cuestión cerrada o conclusiva. En este sentido, podríamos decir queTVN buscaba abrir un debate por medio del humor más que cerrarlo a través de una cátedra de un constitucionalista de renombre, como esperaba el senador Larraín. Por esta razón, tal vez el problema radica, aquí, en la falta de sentido del humor.

Pero la molestia es extendida y alcanza a la línea editorial en su conjunto, el matinal es solo un ejemplo. Desde su punto de vista, dicha sección del matinal confirmaría la insidia con su partido político que puede ser identificada en otros programas deTVN. “Observamos una falta de equilibrio y de sesgos en la forma de informar de su noticiario y de programas políticos hacia nuestro partido, sus posiciones políticas y sus liderazgos” agrega.

Es Larraín y no un joven libertario anarquista quien expone sus argumentos en el programa político. Es el “cupo de su sector” en el programa ‘Estadio Nacional’ el que hizo posible que él alegara públicamente. La visión de la UDI está representada en el contenido informativo desde el momento que el senador UDI pudo hablar a través de la señal de TVN. Entonces, lo que en realidad el parlamentario espera es que los periodistas adopten posturas UDI o que al menos no sean críticos con ellos, sin entender que el pluralismo informativo implica un deber de juicio crítico desde la independencia.

Según Larraín, el tratamiento de algunos temas muestran una perspectiva reducida de la realidad, pero además –y este es el argumento de fondo– la línea editorial del canal no es pluralista al no representar ciertas perspectivas como las de la UDI en los temas políticos. En particular, la falta de pluralismo se expone en la inexistencia de algunas perspectivas políticas en la línea editorial del medio.

Es decir, el problema para Larraín es doble. Por un lado, las críticas a su tienda política parecen ser más duras que respecto a otros sectores políticos, pero también, por otro lado, esto es un síntoma de una debilidad mayor del canal público: la falta de pluralismo interno. Si Larraín tiene razón, el canal público violaría el espíritu de todo canal público, la “actitud de TVN es parcial, odiosa y poco respetuosa (…) que se contradice con el espíritu mismo de lo que debería ser el diálogo democrático en un canal como TVN, que aspira a ser de todos los chilenos”, sostiene el senador. Entonces, su tesis sería la siguiente: la línea editorial de TVN se ha ensañado con su partido, demostrando su falta de objetividad informativa y pluralismo interno.

Pluralismo, diversidad y libertad en los medios

¿Qué hay de cierto en los argumentos de Larraín? A lo menos habría que avanzar en dos cuestiones importantes, a saber, el concepto de pluralismo informativo y el rol de los medios públicos en los sistemas mediales.

Sin definir aquí el concepto, al menos cabe destacar algunos elementos necesarios para el pluralismo informativo, tales como la diversidad y la libertad en los medios de comunicación. El pluralismo informativo no es mera diversidad al interior de las líneas editoriales, como supone el senador Larraín. Primero, si hablamos de diversidad, habría que protestar también por la falta de diversidad de formatos, temas y realidades en los contenidos transmitidos. Pero lo segundo es que el pluralismo informativo que alega el parlamentario no se reduce solo a la diversidad. Entre otros elementos, el pluralismo también corresponde a condiciones estructurales como un conjunto de garantías que toman cuerpo en la libertad de prensa, la independencia editorial y la autonomía de los medios respecto de presiones económicas o políticas. Aunque no le parezca, la mayor garantía que tiene la ciudadanía de tener lo que él llama “información objetiva”, es asegurar la independencia y la autonomía de los medios de comunicación. Las presiones del senador al canal público van precisamente en dirección opuesta.

Efectivamente, el canal público debiera, siguiendo a Larraín, “reflejar a Chile en toda su diversidad, por lo que sus contenidos, programación y conductas deben estar orientados a representar en forma pluralista las realidades presentes en cada rincón de nuestro país”. Esta es una de las exigencias para un canal público. Por lo que la pregunta sería: ¿cómo seleccionar el conjunto de visiones que van a ser representadas en un medio público? En este caso, las cuestiones fundamentales para un canal público es contar con un gobierno corporativo pluralista que responda a diferentes sectores de la sociedad. En cuyo caso, el problema ya no es una periodista puntual, como se ha dicho respecto de la conductora de ‘Estado Nacional’, Andrea Arístegui, como tampoco una cuestión de pluralismo interno, como podría decirse respecto del tratamiento periodístico, sino más bien se trataría de una cuestión más estructural que Larraín no termina de advertir.

¿Cómo representar las diferentes realidades de la sociedad chilena? Ciertamente en la actualidad las visiones expuestas en los programas políticos de varios medios televisivos es poco pluralista, pero esto no resulta en contra de la UDI sino en contra de otras perspectivas de la sociedad. Los programas políticos siguen estructurados binominalmente, sobrerrepresentando algunas miradas, subvalorando unas y excluyendo a otras de los contenidos informativos. Mientras que Larraín alega que la visión de la UDI no es incluida en la línea editorial del medio, la misma transmisión del programa demuestra lo equívoco de su crítica.

Es Larraín y no un joven libertario anarquista quien expone sus argumentos en el programa político. Es el “cupo de su sector” en el programa ‘Estadio Nacional’ el que hizo posible que él alegara públicamente. La visión de la UDI está representada en el contenido informativo desde el momento que el senador UDI pudo hablar a través de la señal de TVN. Entonces, lo que en realidad el parlamentario espera es que los periodistas adopten posturas UDI o que al menos no sean críticos con ellos, sin entender que el pluralismo informativo implica un deber de juicio crítico desde la independencia.

Por lo tanto, el senador Hernán Larraín se equivoca. No en invocar el pluralismo informativo como valor, sino en invocarlo interesadamente con el fin de defender a ultranza a su partido político. Si la preocupación respecto del pluralismo informativo fuese cierta, deberíamos ver a una UDI que luche por desconcentrar el control y la propiedad de los medios en Chile, deberíamos ver un senador Larraín que luche por paneles políticos donde se incorpore a panelistas que no provengan de dos bloques políticos que ya poco representan a la sociedad chilena. Deberíamos ver a una derecha empecinada por que la ciudadanía participe más fuertemente en los medios del Estado y que desde la sociedad civil emerjan más medios independientes. No obstante, seguimos viendo en sus alegatos una defensa corporativa de sectores particulares como la UDI, ocultos en la retórica de valores universales como el pluralismo en los medios.

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